sábado, marzo 01, 2008

SOMOS EL TEMPLO DE DIOS

Somos el templo de Dios…
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Bendiciones,
Enio

Meditación Diaria
por RITCHIE PUGLIESE

TEMPLO
1 CORINTIOS 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

En nuestro vocabulario diario usamos muchas frases, por ejemplo: - El domingo voy a la iglesia o voy al templo -, dando a entender que asistiremos a la reunión de ese día que puede ser en la mañana o en la tarde. Nuestra mente asocia las palabras “iglesia” o ”templo”, con un edificio construido de ladrillos y como un lugar adonde ir para tener un encuentro con Dios.

Aunque cueste creerlo, la Palabra de Dios afirma otra cosa. Ella dice que los ladrillos que forman la iglesia o el templo de Dios somos nosotros los cristianos.

El pasaje de hoy nos dice que cada uno de los cristianos, nacidos de nuevo, somos un templo del Dios Viviente. ¿Por qué dice eso? Porque la presencia del Espíritu Santo habita en la vida de todos aquellos que han recibido a Cristo como su Salvador y lo han reconocido como su Señor. Cuando uno se convierte a Cristo llega a ser parte del Cuerpo de Cristo, que es la iglesia de Dios.

La palabra griega (idioma en el cual se escribió el Nuevo Testamento), aparecida aquí, no habla del templo como un edificio sino que se traduce como "Lugar Santísimo". Tú, si recuerdas, en el pasado Dios ordenó edificar un tabernáculo para ser adorado. Este estaba compuesto por el atrio, el lugar santo y el lugar santísimo. En este último lugar sólo podía entrar una vez al año el Sumo Sacerdote. En ese lugar se manifestaba la presencia del Señor.

Gracias a la obra de Cristo en la cruz del calvario, ese velo separatorio se ha roto y hoy todos los creyentes tenemos acceso directo a Dios, por la presencia de Jesucristo y el poder del Espíritu Santo. Nunca lo olvides: Tú eres el recipiente o el edificio predilecto que Dios ha elegido para derramar su Santa Presencia. ¡Créelo!

CONFESION DE FE: MI CUERPO ES UN TEMPLO SAGRADO POR EL PODER DE DIOS
ORACION:
Gracias Señor pues tu preciosa presencia habita en mí. Gracias por considerarme tu edificio predilecto para derramar de tu Gran Poder. ¡Aleluya! En el nombre de Tu Hijo Amado, Jesucristo, amén.

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